domingo, 19 de marzo de 2017

Cementerio de basura


Observa circunspecta cómo trabajan los operarios municipales. Acaban de iniciar el vaciado y ya rezuma esa mezcla maloliente que acompaña a los peces del lago. Recuerda los paseos en barca y las promesas allí intercambiadas. Candados, monedas,… Las piedras lanzadas haciendo ondas, mientras se juraban amor eterno. Juguetes, botellas,… Aquel sí quiero junto a la orilla. Papeles, algas… Las primeras discusiones. Sillas, plásticos,… Los primeros golpes. Maderas, hierros,… El día en que todo acabó. Ropa, zapatos,… Entonces alguien da la voz de alarma. Ella extiende sus brazos al policía que la vigila, y aguarda el frío de las esposas.

jueves, 16 de marzo de 2017

La otra historia de Raimunda

Aprovechando que, para variar, hoy tengo un hueco libre, dejo por aquí una historia banal inspirada en las leyendas y fantasmas que, mes sí y mes también, aparecen en algunos medios de comunicación. Con todos mis respetos, ahí queda.

Esta historia está dedicada a mi blog de Madrid que tantas alegrías me dio en su momento.
http://madridfotoafoto.blogspot.com.es/


El marqués abandona su cabalgadura rítmica para hacer callar a Raimunda. iQué dirán los sirvientes! Cuentan que los alaridos gozosos de la marquesa, como de niña desvalida a punto de ser descuartizada, llegan hasta la calle Alcalá.

Cien años después de aquella pasión noble, al reabrirse las puertas del palacio, aparecieron esos chillidos infantiles clamando auxilio. Y así surge la leyenda de las almas en pena, y de cómo el matrimonió asesinó a una hija secreta. Ajenos a ello los marqueses siguen relamiéndose en sus tumbas rememorando esas noches que impregnaron para siempre aquellas salas de gritos y placer.

martes, 14 de marzo de 2017

Carroña


Detecta la presa a lo lejos y espera. Paladea su forma de caminar, mientras saborea el whisky. Sin duda, es una buena jaca. Según se aproxima constata su belleza. Ya no se ven mujeres así. Cuando la tiene a unos pasos se percata del moratón que intenta ocultar con las gafas. Fastidiado chasquea la lengua, ninguna es perfecta. Él la agarra por la cintura, ella saluda con una mueca forzada y un beso fugaz. Entonces, mientras aspira su aroma, él susurra la frase de los reencuentros: “Venga cariño, no seas rencorosa. Ya sabes cómo me pongo cuando me enfado”.